Tener patrimonio no es lo mismo que tener una estrategia patrimonial
David Singermann
2/26/20264 min read
Hay personas que pasan gran parte de su vida construyendo patrimonio.
Una casa. Un departamento. Algunos dólares. Una cartera de inversiones. Una participación en una empresa. Un seguro. Quizás una propiedad en el exterior o una herencia.
Con el tiempo, todo eso se transforma en algo que llamamos patrimonio. Y probablemente sea un patrimonio importante.
Pero hay una pregunta que pocas veces nos hacemos:
¿Tenemos una estrategia para ese patrimonio?
Porque construir patrimonio y gestionarlo son dos cosas diferentes.
Durante muchos años, la preocupación suele ser cómo ganar más, ahorrar más e invertir mejor. Pero llega un momento en que la pregunta cambia.
Ya no se trata solamente de cuánto tenemos.
Se trata de para qué lo tenemos, cómo está organizado, qué riesgos estamos asumiendo y qué queremos que ocurra con él en el futuro.
El patrimonio suele crecer sin un plan
La mayoría de las personas no construye su patrimonio siguiendo una estrategia definida desde el comienzo.
Lo construye a medida que transcurre la vida.
Primero llega la vivienda. Después quizás un segundo inmueble. Más adelante aparecen algunos ahorros en dólares, una inversión recomendada por alguien de confianza, acciones, bonos o una participación en un negocio.
Cada decisión puede haber sido razonable en su momento.
El problema aparece cuando miramos todo en conjunto y descubrimos que tenemos muchos activos, pero no necesariamente una estrategia.
Podemos tener patrimonio y poca liquidez.
Diversificación en cantidad de activos, pero concentración en determinados riesgos.
Inversiones rentables que no necesariamente cumplen una función dentro del conjunto.
O un patrimonio importante que nunca fue pensado desde la perspectiva de su futura transferencia.
¿Qué significa tener una estrategia patrimonial?
No significa necesariamente tener inversiones sofisticadas ni estructuras complejas.
Significa tomar decisiones sobre el patrimonio como un conjunto y no sobre
cada activo de manera aislada.
Para eso hay que poder responder preguntas simples, aunque no siempre fáciles:
¿Cuánto necesito para vivir?
¿Cuánto quiero preservar?
¿Cuánto necesito que produzca mi patrimonio?
¿Qué nivel de riesgo estoy dispuesto a asumir?
¿Cuánta liquidez necesito?
¿Qué quiero que suceda con mi patrimonio en el futuro? Las respuestas serán diferentes para cada persona.
Y justamente por eso no existe una única estrategia patrimonial.
El número no cuenta toda la historia
Imaginemos una persona con un patrimonio de USD 1 millón.
Tiene una vivienda, dos propiedades de alquiler, dólares líquidos, inversiones financieras y una participación en un negocio.
El número parece suficiente para sacar conclusiones.
Pero todavía no sabemos prácticamente nada.
¿Cuánto de ese patrimonio genera ingresos?
¿Cuánto puede convertirse rápidamente en efectivo?
¿Cuánto depende de un mismo país o sector?
¿Cuánto cuesta mantenerlo?
¿Qué impuestos genera?
¿Y qué sucedería si esa persona necesitara USD 150.000 dentro de seis meses?
El valor total nos dice cuánto tiene.
Una estrategia patrimonial busca entender cómo funciona ese patrimonio.
No todo se trata de obtener más rentabilidad
Esta es quizás una de las ideas más importantes.
Cuando hablamos de inversiones, muchas veces la conversación comienza y termina en la rentabilidad.
Pero una estrategia patrimonial tiene que mirar algo más amplio. Una parte del patrimonio puede estar destinada a generar ingresos. Otra, a preservar capital.
Otra, a crecer a largo plazo.
Otra, a mantenerse disponible ante una eventualidad.
Y otra puede tener como objetivo una futura transferencia familiar.
Por eso, la pregunta no debería ser solamente:
“¿Cuál es la inversión que más rinde?”
Sino:
“¿Qué función tiene cada parte de mi patrimonio?”
Una inversión puede ser excelente individualmente y no tener sentido dentro del conjunto.
Una propiedad puede ser atractiva, pero generar una concentración excesiva. Un activo muy rentable puede ser inconveniente si necesitamos liquidez. La estrategia aparece cuando cada decisión empieza a tener un propósito.
El patrimonio cambia con nosotros
Lo que era adecuado durante nuestra etapa de acumulación puede no serlo cuando comenzamos a depender de nuestro patrimonio para vivir.
Mientras trabajamos, nuestro ingreso laboral puede ser la principal fuente de seguridad.
Más adelante, esa función puede pasar progresivamente a los activos que construimos durante nuestra vida.
Por eso el patrimonio necesita acompañar las distintas etapas.
Acumular, preservar, generar ingresos y transferir son necesidades diferentes.
Y probablemente requieran decisiones diferentes.
De menos a más
En Delta Sigma entendemos el patrimonio desde una perspectiva integral. No solamente desde la inversión.
Porque muchas veces mejorar un patrimonio no significa agregar nuevos activos.
Puede significar ordenar lo que ya existe.
Reducir una concentración innecesaria.
Mejorar la liquidez.
Revisar la distribución entre distintos tipos de activos.
Alinear las inversiones con las necesidades futuras.
Ordenar la información.
Analizar aspectos fiscales y sucesorios.
O simplemente establecer con claridad qué objetivo debe cumplir cada parte del patrimonio.
En otras palabras, pasar de tener activos a tener una estrategia. Ese es, en muchos casos, el verdadero paso de menos a más.
Una estrategia no es algo que se hace una sola vez
El patrimonio no es estático.
Cambian los mercados, las leyes, la situación familiar, los ingresos y, sobre todo, nuestras necesidades.
Por eso una estrategia patrimonial tampoco debería quedar congelada. No se trata de modificar permanentemente las inversiones.
Se trata de revisar periódicamente si el patrimonio continúa cumpliendo la función para la que fue construido.
La pregunta más importante
Después de muchos años trabajando, ahorrando e invirtiendo, quizás llegue un momento en que la pregunta más importante ya no sea:
“¿Cuánto patrimonio tengo?”
Sino:
“¿Qué quiero que haga mi patrimonio por mí?”
Puede ser financiar una determinada forma de vida.
Generar ingresos.
Proteger a la familia.
Mantener independencia.
Financiar proyectos.
Preservar el capital.
O facilitar su transferencia a la siguiente generación.
Cada persona tendrá una respuesta diferente.
Y esa respuesta debería estar en el centro de cualquier estrategia patrimonial. Construir patrimonio es un logro.
Organizarlo es una responsabilidad.
Darle un propósito es una estrategia.
Porque después de tantos años de esfuerzo, quizás el próximo paso no sea simplemente tener más.
Quizás sea conseguir que lo que ya tenemos funcione mejor. Ese es el verdadero sentido de pasar de menos a más.
David Singermann
